El enigma de los puntos suspensivos
Parte dos
Hogueras
‘El infierno puede ser
divertido si estás con el demonio correcto’.
Ya no me voy arropar entre tus brazos. Como que fuimos tomando
cada quien nuestros hábitos. Todo un rito.
¿El lugar? El
de siempre, <<allí donde solíamos gritar>>. Una cita. Siempre
programada, siempre imprevista. Si supieras el escalofrío tan jodidamente agradable
que me recorría el cuerpo cuando me decías: ‘te veo allá’. Extraño esa
sensación...
Llegar. Saludar
de una manera poco original y diferente cada día, sentarse, balbucear un poco para retrasar lo inevitable
y luego: la colisión.
Abrías tus
brazos, yo me acomodaba en un rincón y creábamos historias y momentos. Ni
Bonnie & Clyde pudieran hacerlo mejor.
Ese abrazo
me gustaba y me protegía. Me encantó el viaje.
Fui y
permanecí en Belice. Lo intangible se volvió de lo más palpable. Esos castillos
que construí en el aire, cada día iban acumulando cimientos. Uno más sólido y
creíble que el anterior.
Si pudiera
regresar el tiempo, no cambiaría nada. Al contrario, viviría con más intensidad cada uno de los momentos. Si aprendí, bien. Si lloré, también. Para conocer la felicidad, primero
hay que saludar a la tristeza. Si la cara de la moneda siempre es la misma,
todo sería rutinario, insípido. La misma gama de grises... Y entonces no estaría contando esto.
Ese ‘azul mundo cínico’ quedaba a nuestros pies...
¿A dónde
viajabas tú? ¿Viajaste conmigo o sólo huías?
Mentiria si
te digo que me siento <<feliz>>. El viaje continúa, pero ahora sólo
va contigo como turista. Entonces, yo diré –con aires etéreos y volátiles- que
llegué de un mundo raro. Y que si Belice, y que si perdí la razón, y que si lo
lamentaré en un futuro. ¿Quién se atreve a despojarme de mis vivencias?
¿Quién se
atreve a destruir mi imagen sobre ti?
Condéname.
Dime que soy la mayor de las ilusas. No me interesa. Tú no viviste lo que yo
tanto disfruté.
Si. Quizá
fue una maldición. ¡Bendita maldición! Me entregaría a ella una vez más...
Pd. Cada vez
que veas en estas líneas ése sacrilegio disfrazado de palabra, conocido como ‘siempre’,
conjura mi nombre. Recuerda: 'hogueras entre cuerpos inmortales'.