martes, febrero 04, 2014

Parte dos: Hogueras

El enigma de los puntos suspensivos
Parte dos
Hogueras
           
‘El infierno puede ser divertido si estás con el demonio correcto’.

     Ya no me voy arropar  entre tus brazos. Como que fuimos tomando cada quien nuestros hábitos. Todo un rito.
¿El lugar? El de siempre, <<allí donde solíamos gritar>>. Una cita. Siempre programada, siempre imprevista. Si supieras el escalofrío tan jodidamente agradable que me recorría el cuerpo cuando me decías: ‘te veo allá’. Extraño esa sensación...
 Llegar. Saludar de una manera poco original y diferente cada día, sentarse,  balbucear un poco para retrasar lo inevitable y luego: la colisión.
Abrías tus brazos, yo me acomodaba en un rincón y creábamos historias y momentos. Ni Bonnie & Clyde pudieran hacerlo mejor.
Ese abrazo me gustaba y me protegía. Me encantó el viaje.
Fui y permanecí en Belice. Lo intangible se volvió de lo más palpable. Esos castillos que construí en el aire, cada día iban acumulando cimientos. Uno más sólido y creíble que el anterior.
Si pudiera regresar el tiempo, no cambiaría nada. Al contrario, viviría con más intensidad cada uno de los momentos. Si aprendí, bien. Si lloré,  también. Para conocer la felicidad, primero hay que saludar a la tristeza. Si la cara de la moneda siempre es la misma, todo sería rutinario, insípido. La misma gama de grises...  Y entonces no estaría contando esto.
Ese ‘azul mundo cínico’ quedaba a nuestros pies...
¿A dónde viajabas tú? ¿Viajaste conmigo o sólo huías?
Mentiria si te digo que me siento <<feliz>>. El viaje continúa, pero ahora sólo va contigo como turista. Entonces, yo diré –con aires etéreos y volátiles- que llegué de un mundo raro. Y que si Belice, y que si perdí la razón, y que si lo lamentaré en un futuro. ¿Quién se atreve a despojarme de mis vivencias?
¿Quién se atreve a destruir mi imagen sobre ti?
Condéname. Dime que soy la mayor de las ilusas. No me interesa. Tú no viviste lo que yo tanto disfruté.
Si. Quizá fue una maldición. ¡Bendita maldición!  Me entregaría a ella una vez más...


Pd. Cada vez que veas en estas líneas ése sacrilegio disfrazado de palabra, conocido como ‘siempre’, conjura mi nombre. Recuerda: 'hogueras entre cuerpos inmortales'.