miércoles, marzo 19, 2014

Fachada de la realidad


     Deborah, Deborah, Deborah, te encanta cómo suena.
     Tú eres Deborah Reséndiz, así completa sin abreviaturas.
     ¿En quién cree Deborah Reséndiz?  Sólo cree en ella misma.
     Deborah Reséndiz, la «reyna Midas», la dueña y señora de todo cuanto quiere. Sólo le es posible entregarse a su perfección.
     La reyna Midas. Todo lo que tocas se convierte en oro. La inalcanzable. Nadie está a tu altura salvo tú.
     Hoy tienes una nueva misión; repasas el plan, una vez más tienes todo calculado. Nadie como tú.
     Amas escuchar tu taconeo sobre el piso de mármol. Acomodas tu mascada y alisas tu falda. Cuánto darías porque todos fueran como tú. 
     Te presentas ante ellos. Eres la anfitriona, la líder.
     Miras tu reflejo sobre el ventanal del piso veintitrés. Ataca ahora.
     Hablas con determinación. De tu boca sólo salen órdenes y objetivos que carecen de sutileza. Tu voz firme es el deleite de los presentes...
     Como lo tenías previsto aceptan tus propuestas. Claro, nadie tiene mejores ideas que tú. El rescate de este barco está en tus manos. Sabes de tu capacidad. Después de todo eres la «reyna Midas», sabes exactamente qué hacer, cómo moverte y a quien controlar para que tu proyecto se ejecute sin fallas. Al final siempre consigues un pedazo del pastel y esta vez no será la excepción.
     Terminada la obra, saldrás del edificio. Das un paso... dos... tres... Y alguien se sitúa frente a ti. 
     Reconoces la silueta alta y esa mirada funesta, pero irresistible.
     Un escalofrío se apodera de ti...

     La reyna Midas ha vuelto a ser mortal...
     Deborah indefensa, ¡qué simpática resultas, querida! 

martes, febrero 04, 2014

Parte dos: Hogueras

El enigma de los puntos suspensivos
Parte dos
Hogueras
           
‘El infierno puede ser divertido si estás con el demonio correcto’.

     Ya no me voy arropar  entre tus brazos. Como que fuimos tomando cada quien nuestros hábitos. Todo un rito.
¿El lugar? El de siempre, <<allí donde solíamos gritar>>. Una cita. Siempre programada, siempre imprevista. Si supieras el escalofrío tan jodidamente agradable que me recorría el cuerpo cuando me decías: ‘te veo allá’. Extraño esa sensación...
 Llegar. Saludar de una manera poco original y diferente cada día, sentarse,  balbucear un poco para retrasar lo inevitable y luego: la colisión.
Abrías tus brazos, yo me acomodaba en un rincón y creábamos historias y momentos. Ni Bonnie & Clyde pudieran hacerlo mejor.
Ese abrazo me gustaba y me protegía. Me encantó el viaje.
Fui y permanecí en Belice. Lo intangible se volvió de lo más palpable. Esos castillos que construí en el aire, cada día iban acumulando cimientos. Uno más sólido y creíble que el anterior.
Si pudiera regresar el tiempo, no cambiaría nada. Al contrario, viviría con más intensidad cada uno de los momentos. Si aprendí, bien. Si lloré,  también. Para conocer la felicidad, primero hay que saludar a la tristeza. Si la cara de la moneda siempre es la misma, todo sería rutinario, insípido. La misma gama de grises...  Y entonces no estaría contando esto.
Ese ‘azul mundo cínico’ quedaba a nuestros pies...
¿A dónde viajabas tú? ¿Viajaste conmigo o sólo huías?
Mentiria si te digo que me siento <<feliz>>. El viaje continúa, pero ahora sólo va contigo como turista. Entonces, yo diré –con aires etéreos y volátiles- que llegué de un mundo raro. Y que si Belice, y que si perdí la razón, y que si lo lamentaré en un futuro. ¿Quién se atreve a despojarme de mis vivencias?
¿Quién se atreve a destruir mi imagen sobre ti?
Condéname. Dime que soy la mayor de las ilusas. No me interesa. Tú no viviste lo que yo tanto disfruté.
Si. Quizá fue una maldición. ¡Bendita maldición!  Me entregaría a ella una vez más...


Pd. Cada vez que veas en estas líneas ése sacrilegio disfrazado de palabra, conocido como ‘siempre’, conjura mi nombre. Recuerda: 'hogueras entre cuerpos inmortales'.

domingo, enero 19, 2014

El enigma de los puntos suspensivos

 

Parte uno
¿Dónde pongo lo vivido?

 

 
 'La herida no cerraba porque la sutura estaba hecha de puntos suspensivos'.
-Jime Turru
 

     Desde la comodidad del anonimato, vengo a revelarte el enigma, MI enigma sobre el contenido de mis puntos suspensivos...
      Aquellos con los que solía terminar casi todos mis guiones. ¿Recuerdas? La frase 'la última vez', es casi «siempre» un problema o una decepción.
     ¿Qué se hace con una 'última vez'? ...
     ¿Dónde pongo lo vivido? ...
     Hay últimas veces en las que lo único que uno desea es salir corriendo y no mirar atrás y últimas veces a las que uno no quisiera enfrentarse jamás en la vida, terminando la historia con puntos suspensivos, en vez de un travelling y 'un fin en negro'.
     Entre el extremo de anhelo de permanencia «a pesar de todo»  y el extremo de la necesidad de huida intempestiva, se abre el entero arco iris de los 'adiós', voluntarios o involuntarios.
     Ya me entraron las extrañadurías y las nostalgias ...
     Si uno se va lloroso, tronando dedos y caminando a tropezones, significa que valió la pena.
    Cuánto hay de entrañable, de buena suerte, de querencia y de permanencia en el verbo: 'extrañar'.Uno extraña aquello que le fue suave y generoso. Uno extraña los espacios donde aprendió, amó y fue libre...
 
     Quedarse con las ganas, callar a gritos, largarse a tartamudear, son señales de que uno estuvo donde valía la pena estar. Luego hay desencuentros, rampas enjabonadas. Los tiempos y las personas cambian...
 
     Luego: la impermanencia está inscrita en la condición humana.
 
[...]