Deborah, Deborah, Deborah, te encanta cómo suena.
Tú eres Deborah Reséndiz, así completa sin abreviaturas.
¿En quién cree Deborah Reséndiz? Sólo cree en ella misma.
Deborah Reséndiz, la «reyna Midas», la dueña y señora de todo cuanto quiere. Sólo le es posible entregarse a su perfección.
La reyna Midas. Todo lo que tocas se convierte en oro. La inalcanzable. Nadie está a tu altura salvo tú.
Hoy tienes una nueva misión; repasas el plan, una vez más tienes todo calculado. Nadie como tú.
Amas escuchar tu taconeo sobre el piso de mármol. Acomodas tu mascada y alisas tu falda. Cuánto darías porque todos fueran como tú.
Te presentas ante ellos. Eres la anfitriona, la líder.
Miras tu reflejo sobre el ventanal del piso veintitrés. Ataca ahora.
Hablas con determinación. De tu boca sólo salen órdenes y objetivos que carecen de sutileza. Tu voz firme es el deleite de los presentes...
Como lo tenías previsto aceptan tus propuestas. Claro, nadie tiene mejores ideas que tú. El rescate de este barco está en tus manos. Sabes de tu capacidad. Después de todo eres la «reyna Midas», sabes exactamente qué hacer, cómo moverte y a quien controlar para que tu proyecto se ejecute sin fallas. Al final siempre consigues un pedazo del pastel y esta vez no será la excepción.
Terminada la obra, saldrás del edificio. Das un paso... dos... tres... Y alguien se sitúa frente a ti.
Reconoces la silueta alta y esa mirada funesta, pero irresistible.
Un escalofrío se apodera de ti...
La reyna Midas ha vuelto a ser mortal...
Deborah indefensa, ¡qué simpática resultas, querida!
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